se te caen las manos
en mi cuaderno
te agachás a tocar el pasto

en tu cabeza
dos teclas
plin plum
ruido de lluvia y de stravinsky

del pasto de tus manos
se desliza un cuaderno
ínfimo,
del tamaño
de la mitad
de una pestaña.

lo vi cayendo,
se abrió
para acariciar tu pulgar,
le hiciste
unos mimos al pasto.

lloro de alegría
cuando abollás mis palabras
tengo frío
adentro de un brazo
(el bíceps izquierdo),
la lágrima está caliente,
estoy
aplastando
algodón de azúcar
con mi lengua
contra el paladar
estamos cerca de la autopista
te doy un beso
con pegote en la nariz

soy agua
hay verano
me gustás
rompiéndolo
todo

estoy
juntando bollitos
voy a treparlos,
para subir a tu espalda.

,

apelmazo
nuestras palabras
un perro ladró a media cuadra
titiló tu ceja

soy espuma
de piel tersa
soy impermeable
tenemos
sábanas de papel de seda
tu humedad
me abriga
me despierto sin saber
desde cuándo te estoy mirando

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hallazgo de meli en un comentario en youtube

“el abismo es una cama de plumas”

I remember once, in crossing the Atlantic, to have gone upon the deck of the ship at midnight, when a dense black cloud enveloped the sky, and the great deep was roaring madly under the lashes of demoniac winds. My feeling was not of danger or fear (which is a base surrender of the immortal soul), but of utter desolation and loneliness; a little speck of life shut in by a tremendous darkness. When I was young, I believed the same nonsense that a lot of people believe about happiness – that it comes from the flashy veneer of the American dream: money, status, and power. But then I grew up (unlike too many other people, who only grow older) and I began to see that these things often destroyed happiness. I learned that happiness only comes from inner qualities, such as courage, altruism, and optimism. Happiness comes from the self. But where is the self? Who is the self? Who are you? If you don’t know, you’ll never be happy, because you’ll never be able to connect with the inner core qualities that make happiness possible. You’ll just travel through life in circles, always going, always intent – never arriving, never content. You should, in fact, be able to describe exactly who you are, right now, in the proverbial 25 words or less. And yet, there is a solitude, which each and every one of us has always carried with him, more inaccessible than the ice-cold mountains, more profound than the midnight sea; the solitude of self. Our inner being, which we call ourself, no eye nor touch of man or angel has ever pierced. Such is individual life. Who, I ask you, can take, dare take, on himself the rights, the duties, the responsibilities of another human soul?… …if we’re ever going to be truly happy…we need to be willing to charge headlong into the inferno of our most horrific fears – eyes open, intellect and spirit at the ready – even as our survival instincts are screaming, ‘Run! Run! Get out!’ That takes courage, and that’s why courage is one of the prerequisites for happiness. Courage, they say, is not the lack of fear, but the ability to take action in spite of it. But where does that ability come from? What power grants the strength to overcome the sick, shaky feeling of fear? Only one power is that strong: love. In the ultimate analysis, human beings have only two essential primal feelings: fear and love. Fear impels us to survive, and love enables us to thrive. This complementary pair of feelings has been the driving force of human history. Fear is the product of the reptilian brain, hardwired into every fiber of our being, and love is the product of the neocortical higher brain, where spirit and intellect reside. Thus, the dance of the spirit and reptile – the shifting balance between the neocortex and the reptilian brain – is the dance of love and fear. For you to be happy, love must lead this dance. Nature loves courage. You make the commitment and nature will respond to that commitment by removing impossible obstacles. Dream the impossible dream and the world will not grind you under, it will lift you up. This is the trick. This is what all these teachers and philosophers who really counted, who really touched the alchemical gold, this is what they understood. This is the shamanic dance in the waterfall. This is how magic is done. By hurling yourself into the abyss and discovering it’s a feather bed.

tiempo

Entramos rápido y nos apuramos a salir. Con el miedo de una convicción frágil y un sentir abrupto, hubimos tiempo y corrimos antes de que dieran la voz de partida. Hubo tiempo para entender como darnos la mano, hubo tiempo de verano, temor y abrazos. Nos olvidamos algunas cosas. Nos fuimos antes, con un sentir frágil y un miedo abrupto, sin convicción. Sigue habiendo tiempo.

“saber que la escritura no compensa nada, no sublima nada, que es precisamente ahí donde no estás: tal es el comienzo de la escritura.”

#Barthes

2014

“Mi objetivo es sencillo y no exige nada de vos. Ante la necesidad de que todo fracase, me propuse solamente llenarte de recuerdos.”

Saldo positivo

Saldo positivo. Premonición de optimismo. Saldo positivo. Te llevás seis kilos de grasita que bajé la primera vez que me dejaste. Saldo positivo, sin duda. Ahora dormís con alguien que dice que viene para sumar, no para restar. Tenés suerte, a mí en cambio ese discurso me parece una pedorrada. Yo siempre me ocupé de gestionarte lo bueno en el esfuerzo, sin obviar nada, y para compartirlo las dos. Saldo positivo, sin lugar a dudas. No tengo las manos vacías y el gusto a mierda que hay entre mis dientes probablemente venga a cuento de algo bueno. Saldo positivo desbaratando los números de la pérdida que llega para compensar. Como cuando te hablan de darse cuenta de lo mucho que te apretaban unos zapatos recién después de habértelos sacado. ¿A nadie se le ocurre mencionar que la calle está llena de basura y que tanto a mí como a cualquier homeless nos gusta más la idea de tener zapatos apretados que la posibilidad de andar cómodos pero chupando frío y pisando vidrio roto? De todas formas, el alivio, saldo positivo. Te llevás una calcita negra que me gustaba usar para correr y un libro de cuentos de Clarice Lispector que estaba increíble y no pude llegar a terminar porque tenía que prestártelo para que leyeras aquel que se titula “Amor” y te llenaras de angustia. Saldo positivo cuando yo me quedo con la gloria frustrada de haber intentado todo y de saber que no ando más en bicicleta porque no se me canta, porque en realidad este año todo lo demás cuanto quise me estiré hasta agarrarlo. A vos te había agarrado antes, bastante desprevenida, y mientras no te di tiempo a entender, jugamos mi juego que era el de la ignorancia y la contemplación de lo que nos iba pasando. Darte tiempo a pensar fue armarte un tablero de ajedrez y fusibles. Quería amarte, verte almidonada y verte decidir. Puse las piezas y cables entre algodones, te pregunté si te gustaba, me ocupé de que tuviera colores. Limé lo áspero, quise que existiera un circuito de baile de alfiles, caballos y corriente eléctrica, donde vos y yo éramos los reyes y todos los peones juntos enrocando ahora mi buen humor y tu cara de orto; ahora mi cansancio y depresión eternos y tus ganas de reir. Saldo positivo porque perdí mi orgullo por completo y me gusta más vivir así, siendo más diminuta que vos. Me muevo hacia donde quiero y lo único que pido es que ya no me sigas a la distancia. Saldo positivo sólo si junto las ganas de pedirte que desaparezcas. Te quedan también Tita y Nancy, un pino lemon y una crasa que te regalé porque emulaste mi libertad y te fuiste a vivir sola. Plantitas que dudo sepan sobrevivir a tu contrato de alquiler porque el dejar morir se da en vos naturalmente. Saldo positivo si te veo haciendo de cuenta que no pasa nada y confirmo una vez más lo poco que soy para vos. Saldo positivo si pudiera cruzarte en el ascensor y que el asco que me das ahora se me salga por los ojos y me impida mirarte como siempre te miré. Saldo positivo porque cité a Yourcenar para decirte que existía entre nosotras algo más que un amor, una complicidad; cuando en realidad no era algo más sino lo único que había. Saldo positivo saber que la persona que me enamoraba nunca existió y que me dirijo a vos sólo porque sos la imagen que le di a la conjetura de un deseo que se inventó a sí mismo. Saldo positivo si sé que no te guardo rencor, que sólo sos alguien más, que no tengo miedo de que se haga la hora de cruzarte en un pasillo de un edificio malparido de la Avenida Córdoba donde mi vida fue mucho tiempo bastante mejor y si la plaza del boulevard ya no significa nada para mí. Saldo positivo si pudiera un día decir Ballester sin nombrarte en secreto, saldo positivo si deja mi abuela de mandarme milanesas en cajas de ravioles que dicen “Fábrica de pastas Santa Paula”.