EL PAT DE LA CORDURA

GRis, la g y la r atravesando la garganta y pegoteándose porque son petróleo. Me siento como en una película alemana, aunque sólo vi dos y ninguna se parecía a esto. No puedo darme vuelta sin verme caminando atrás mío, persiguiéndome, y me repugna. Pero, claro, el asco no viene del ver sino de lo visto, de yo. Los pajaritos cantan al despertar y ahí salimos todos a laburar, do re mi, jajajá. Ja, ja, ja. Lo peor, supongo, es saberme en un ciclo patético de pateticidad:

  1. “Qué vida de mierda, es patética.”
  2. “Es patético estar compadeciéndome de mí misma, hay vidas piores. Asumirme patética es ya indecente, algunas cosas hay que ganárselas.”
  3. “Es patético, ni siquiera puedo darme el lujo de la pateticidad. Basta.”
  4. “Es tan patético, no puedo parar.”
  5. “No sé si quiero parar, es patético.”
  6. “Uhmm.. patético.”
  7. (Vuelta a arriba pero con más énfasis en las palabras que suenan a mugrosiento)

Es patético. Es patético, es un “pat” ético. Pero, ¿qué es un pat? (¡apa, che!)

Encima haberlo escrito no cambia nada.

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